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Andén en el abismo: José María Arguedas y el Perú

André Ramos-Chacón


El 18 de septiembre de 1962, en Berlín, José María Arguedas escribió con preocupación por la pérdida de la cultura folklórica y popular en el Perú. La migración masiva de los Andes a Lima causaba un rápido despoblamiento de pueblos ricos en fiestas, danzas, artesanías y vida comunitaria. Mientras tanto, Lima crecía desbordante hacia los arenales, como un kraken de ‘tentáculos harapientos’, hacia los márgenes donde a pesar de la pobreza o el lamento, el hombre andino se erguía digno, sin olvidar sus orígenes ni cesar en su lucha. Para Arguedas era admirable la capacidad del hombre de la sierra de sobreponerse sobre un terreno adverso, de sobrevivir en un ambiente hostil, pero al mismo tiempo era preocupante, era trágico.


¿Sería siempre el provinciano, el hombre rural, el que tendría que buscar en Lima su integración a la nación y el mundo? ¿La migración su única alternativa? ¿El español la única lengua? ¿La aculturación la única modernidad?


El migrante interno viajaba a Lima desposeído de derechos y oportunidades, pero nunca de cultura. Arguedas sabía que el migrante asistía a clubes y eventos que reproducían bailes y ritmos de pueblos originarios. Y sin embargo, también sabía, en el fondo de su corazón, que no eran comparables a las ‘fiestas grandes’ típicas de un pueblo. El camino de la reproducción de la cultura era un peligro, pues los hijos del migrante ya no pertenecían, sino que se inclinaban. Se interesaban, sentían curiosidad, hasta que en algún momento los envolvía la indiferencia y el desprecio. Luego el abandono.


Lima era una ciudad alienante, clasista, racista, desintegradora, individualista. Y, por lo tanto, era un enemigo formidable para el hombre andino. Sin embargo, este era fuerte. Se había desarrollado por milenios sobre la cordillera, había andado el desierto, adentrádose en la selva. Había dominado un verdadero ‘torbellino geológico’: el Perú. Había construido andenes en los abismos. Era fuerte. Un mar de gente que avanzaba hacia los arenales.


Arguedas depositaba su esperanza en la reforma agraria. Para él, la mejor oportunidad de revertir la desculturación y el despoblamiento en el país. En esencia, tenía fe en un acontecimiento dirigido por el Estado, por supuesto, tras años de lucha y demandas por parte del campesinado explotado. No llegaría más de un lustro después, poco antes de su muerte, cuando Arguedas ya se convertía en mito fundacional de un nuevo país y su ideario en su destino...





El artículo de Arguedas se titula “No destruyamos el Perú amado”, y se publicó en el diario El Comercio el 7 de octubre de 1962, poco menos de un mes después de haberse escrito. Cuando lo encontré, en las obras completas, me atrajo su título, pues encerraba las pasiones más grandes de Arguedas a lo largo de su vida: amar al Perú y vivir para custodiarlo. Arguedas lo escribió en un viaje por Europa, durante el cual estuvo siempre pendiente del Perú. Lo llevaba en sí, lo llevaba dentro, lo sentía en todas partes. En París o en Berlín, Arguedas recordaba Sondondo, soñaba que viajaba en jet sobre los Andes, abrazaba a danzantes de tijeras. “La vida triste allá”, recordaba que los migrantes le decían. ¿Cómo poder hacer que no lo fuera?


A 52 años de su muerte, podemos preguntarnos por la actualidad de los fenómenos que interesaron a Arguedas en el momento de escritura de “No destruyamos el Perú amado”. Es decir, podemos preguntarnos por la migración interna, la cultura, y la distribución de la tierra, la oportunidad y el poder entre criollos e indígenas en el Perú.


La migración interna sigue siendo una aspiración de padres e hijos, en el campo y en la ciudad. Pero al mismo tiempo, sigue siendo también una necesidad o un imperativo. Quizás, una obligación. La salud, la educación, y el trabajo se concentran en Lima o en metrópolis regionales. Además de la raza, la clase social, y otros determinantes, el lugar de nacimiento aún pesa gravemente sobre las posibilidades de cada uno de los peruanos. Y si bien el año 2020 caravanas recorrieron el camino de vuelta, es triste pensar que fueron la enfermedad, la pobreza, y el abandono quienes compelieron a los migrantes al retorno. No la oportunidad, no el Estado. Fue la búsqueda de una mejor vida como al inicio de la errancia.


En cuanto a cultura, si bien todos miramos hacia adelante, cada vez menos volteamos a ver el pasado, Arguedas incluido. Una máxima arguediana, que yo guardo en el corazón, dice: “mantente antiguo”. En mi opinión, significa guardar las tradiciones, las antigüedades, y el pasado con reverencia y sacralización, al mismo tiempo que los compatibilizamos con el futuro. Mantente antiguo es viajar en jet, por Europa, hacia lo nuevo, pero sin perder la observancia de lo local, lo ancestral, lo folklórico, lo típico. En esencia, mantenerse en contacto con el zorro de arriba y el zorro de abajo, con lo cristiano y lo indio, con el mito además de la razón.


La segunda reforma agraria es una oportunidad para crear un país verdaderamente descentralizado y atender a las necesidades de los habitantes de las zonas rurales, y las comunidades campesinas y agricultoras. Quizás no haya momento más propicio en mucho tiempo, pues la pandemia ha motivado al retorno, a nuevos estilos de vida, y quizás a experimentar una existencia distanciada de los arenales, la contaminación, la falta de agua, de árboles, y cultura típica. La crisis climática, el interés por la auto-sostenibilidad, y la consciencia renovada sobre la importancia de la familia y la comunidad pueden también llevar a mucha gente nacida en Lima a buscar un futuro en provincias y en industrias de primera necesidad. El gobierno tiene una oportunidad para crear políticas, trabajos, y así restaurar modos de vida y prácticas culturales en crisis desde hace cincuenta años. En ese sentido, podría reformar no solo la tierra, pero las relaciones de los ciudadanos con el Perú, la distribución de los espacios, la práctica de la cultura, y las formas de celebrar con ella.


El gobierno, pues, no debe de olvidar el lugar de la migración y la cultura con la reforma agraria. Tal como Arguedas esperaba en los 1960s, las reformas deben ir de la mano con la promoción y la protección de las 'fiestas grandes', de las tecnologías indígenas, y el culto a la tierra. La elección de Pedro Castillo, la pandemia, la crisis climática… hay un número de condiciones favorables para construir nuevamente, como quería Arguedas, andenes en los abismos. Para revertir años de destrucción en el Perú y honrar al fundador del país del siglo XXI: Arguedas, quien más influyó en la configuración cultural actual de nuestro país, sus luchas y su utopía. Su gran hazaña.


10 canciones para recordar a Arguedas (basada en los gustos del escritor y para quien quiera escuchar un poco de música peruana)



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